Mujer contra mujer

Las mujeres y los hombres han sido, son y serán diferentes siempre. El objetivo a lograr es la integración por complementariedad, más que la igualdad imposible por imposición. El problema se crea cuando, en ocasiones, la mujer lleva a la empresa la innata protección de su carga genética y entra en lucha directa contra otras mujeres.  

 

Como analista de empresas, por convicción personal y por extensión profesional, tengo que abordar con cierta frecuencia el papel de la mujer en la organización. Me disgusta e incomoda sobremanera el tener que poner el foco del análisis en la participación de los sexos de forma impuesta, ya que mi objetivo son las personas, con independencia de cualquier característica de colectivo al que pertenezca cada una. Mi interés se centra en las características profesionales porque mi deber para con mis clientes es diseñar una empresa equilibrada en su composición, efectiva en los procesos, actual en los modelos de negocio y líquida en la tecnología aplicada.

Etiquetas como “machismo” o “feminismo” tan solo sirven para diferenciar a quienes se sienten diferentes, por lo que la tan anhelada IGUALDAD pierde todo su sentido en manos extremistas (no hablemos ya cuando el extremo feminista más radical se autodenomina “hembrismo”). Para hablar de igualdad debemos de utilizar a iguales. En el colegio nos enseñaron que las cosas diferentes no se pueden sumar: peras + manzanas (es imposible en su característica de naturaleza, aunque sí en total de peso o como suma de una clase de alimento: fruta, por ejemplo). La riqueza humana hace que cada persona sea diferente, más allá de su sexo, raza, religión, ideología, etc. Por ello, hablar de igualdad es injusto para cualquier individuo y prefiero hablar de INTEGRACIÓN.

En la universidad española el 54% de los estudiantes (no estudiantas) son mujeres. Sin embargo, la ratio en las carreras de ciencias es del 20%. ¿Tendrá que ver con la verdadera vocación? ¿Será que el machismo las ha relegado a carreras sociales? Es un claro ejemplo de la desigualdad natural entre hombres y mujeres. La elección es libre y vocacional. La persona se va creando en su entorno y en el ámbito de sus valores y vocaciones intrínsecas. Nadie obliga a seleccionar un tipo de estudios, excepto aquellos padres retrógrados que quieren continuismo en la estirpe familiar (lo que conllevará frustración y desapego social) Lo que nos tiene que importar es ser nosotros mismos y afrontar nuestros deseos y sueños profesionales con actitud positiva. Se ha puesto en marcha el Observatorio Mujeres Ciencia e Innovación “para corregir estereotipos” (sic). ¿Qué estereotipos? Hoy, mujeres y hombres tenemos al alcance la misma ingente cantidad de información como para saber lo que queremos ser. ¿La directora del CSIC piensa que las chicas son bobas y no se han dado cuenta que lo que de verdad quieren es ser científicas?

Mujer contra mujer, el gran impedimento que me encuentro con cierta asiduidad en las empresas. Cuando una mujer alcanza un puesto de responsabilidad en una organización, el mayor enemigo para ella es el resto de las mujeres de su entorno. No quiere competencia femenina cuando se siente única entre hombres.  No digo que sea norma general, pero sí ocurre en más ocasiones de las que me gustaría detectar. De igual manera que, una vez ha alcanzado el éxito, dedica más tiempo a la defensa de su puesto que a continuar con su crecimiento. Es una reacción que refleja la carga emocional al esfuerzo que ha tenido que llevar a cabo para conseguir el puesto deseado y, en respuesta refleja, lo defiende a capa y espada.

“Ya sé que somos pocas mujeres, pero se está trabajando y no es fácil siendo solo promociones internas” (Amalia Blanco, directora general de comunicación y relaciones externas en Bankia) Flaco favor a todas las mujeres que trabajan en Bankia.

He conocido mujeres con responsabilidades ejecutivas de muy alto nivel que han sabido valorar su puesto con normalidad, como una respuesta lógica a sus méritos personales y profesionales, como persona. Se han rodeado tanto de mujeres como de hombres, por las capacidades individuales y la aportación al equipo, para dirigir los objetivos estratégicos a resultados excelentes.

Cuando detecto una situación de “mujer contra mujer” en una empresa o leo artículos y declaraciones de mujeres que se vanaglorian de estar en lo alto y ser las únicas, “porque el resto de las mujeres no han tenido su capacidad”, me duele como persona. Bastante duro es tener que asistir a conferencias donde los paneles están compuestos en su totalidad por hombres o con una participación femenina mínima.

El mundo no va de hombres y mujeres; el mundo va de personas que deben demostrar su valía en cualquier ámbito, personal y profesional, para ser consideradas y tenidas en cuenta en cualquier objetivo colectivo. Está demostrado que cuando una persona se propone conseguir “su sueño”, lo consigue. ¿Todas las personas queremos ser directores generales? ¿Todas las personas queremos ser emprendedoras? ¿Todas las personas queremos ser astronautas? Despejar las frustraciones y complejos es el primer paso para ser una persona libre y enfrentarse a la integración en plenitud de condiciones.

Conseguir una responsabilidad en la vida no es un premio, es una consecuencia al desarrollo personal y profesional de cada persona

 

Los iguales se degradan, los diversos se enriquecen