SERIE MITOS (IV): LAS EMPRESAS CREEN QUE SABEN

El sentido común te dice en el oído derecho: “no te metas en charcos que no controles”. La moda imparable te susurra, con voz melosa, en el izquierdo: “digitalízate”. El beso del sueño siempre deja un estafado desorientado. 

 

Tendemos a confundir las características de las personas jurídicas (organizaciones) y las físicas (personas). Es curioso cómo, en ocasiones, se atribuyen características humanas a las empresas, como si se tratase de diluir o trasvasar la responsabilidad personal al ente empresa. La organización decide, cree, argumenta, conoce, se dirige… son expresiones evasivas sobre la responsabilidad de sus dirigentes haciendo del resultado, sobre todo si es adverso, una conclusión de un ente que está formado por decenas o miles de personas (más sencillo y perverso)

En los clanes y tribus antepasados se creó un grupo homogéneo de manera espontánea, sin influencias externas ni experiencias anteriores, por simple deducción racional: el consejo de ancianos. A este grupo de personas se les trasladaban los asuntos importantes de la comunidad para que los evaluasen y dictaminaran una conclusión colegiada que era acatada por unanimidad. Aunque existiese un jefe del clan o un chamán, siempre se otorgaba carta de certeza a la decisión del consejo de ancianos. Su fortaleza moral se basaba en la experiencia y el conocimiento atemperados por la edad.

Cuando se utiliza el verbo “creer” en la toma de decisiones o en las afirmaciones de calado no se hace como símbolo de certeza ni seguridad, es una acción refleja de la invariable condición humana del conocimiento parcial. “Creo que es lo mejor para mis clientes” quiere decir: “no sé lo que quieren mis clientes y voy a tomar una decisión por ellos”. “La empresa cree que lo mejor para los empleados es…” significa: “la dirección de la empresa quiere que los empleados actúen de una manera, aunque signifique una decisión mala para ellos e incluso para la propia empresa”

Los “mayores” (que se encuentran en el punto álgido de productividad) son ahora denostados y prejubilados, a excepción de los grandes dinosaurios que mantienen la estrategia de sus empresas ligadas al calendario de su jubilación, frase de Lisa Gansky, (impredecible como la muerte)

En ocasiones, y de manera consciente, otorgamos a la organización la convicción en forma de afirmación: “La empresa conoce sus problemas y va a tomar decisiones al respecto” es sinónimo de “los directivos creen que saben lo que pasa, en base a su conocimiento parcial y sesgado, y van a tomar decisiones que, si más tarde no se traducen en resultados positivos, podrán diluir su responsabilidad en el ente empresa”.

La cima de la pirámide organizativa (estructura mantenida en la mayoría de las organizaciones) desconoce la realidad de la empresa: la información les llega sesgada y adaptada a las necesidades de cada nivel antes de elevarla al siguiente, y lo saben. Tan solo pueden tomar con certeza los datos macro… y en ocasiones ni eso, gobiernan a ciegas, y los palos de ciego son incontrolables e impredecibles. No existe otra estructura más ineficiente e incierta que la piramidal. Existen otras como la transversal, muy de moda pero que mantiene encajonada a las personas y con un alto índice de incertidumbre; la Tetris, que encaja piezas a capricho o necesidad no deseada que ante una pequeña tensión se viene abajo.

REM (Rapid Enterprise Management) es la estructura organizativa que revolucionará las empresas (no lo busques porque se dará a conocer cuando se publique mi libro “Innovación empresarial para inconformistas”) Partiendo de la estructura REM, la cultura, los procesos y la velocidad de adaptación a los cambios dejarán de ser dificultades en la empresa.

La empresa no sabe nada, lo saben las personas que trabajan cada día en ella y el conocimiento real se deposita en los niveles inferiores, pura física. La transformación de la empresa debe comenzar en la estructura organizativa, como resultado del conocimiento de las microculturas y modelos de negocio.

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