LA GRAN ESTAFA SANITARIA: ¿y ahora qué?

Hasta hace un año vivíamos en la confianza de poseer el mejor sistema de salud del mundo. Durante muchos años hemos vendido este logro por todo el globo y a fe que lo vendimos muy bien. Un modelo que tras las bambalinas y los escaparates publicitarios mostraba una ineficiencia y un sobrecoste alarmante que todos ocultaron con gran habilidad, la misma que les faltó para prepararse para la transición de modelo, para la transformación que cada día urgía más y más.

Y hace un año llegó una ola “inesperada” que arrasó la fachada de cartón piedra y dejó a la vista los palos de los sombrajos y la auténtica estructura que sustentaba toda esta farsa. Pero los políticos tienen una habilidad especial para distraer la atención e incluso distorsionar lo que vemos con nuestros propios ojos y materializar una realidad diferente, pero creíble. Durante unos meses ocuparon su tiempo en recuperar parte del cartón piedra y colocaron una valla publicitaria que ocultó los remiendos. La valla mostraba la fachada anterior con el mensaje: “Hemos superado el envite, hemos ganado a los elementos, nuestra sanidad es fuerte y robusta. Esto lo paramos unidos”

Ante semejante despliegue todos nos lanzamos a las terrazas y a disfrutar de unas merecidas vacaciones para recuperar el mal trago. Mientras tanto, sin haber hecho los deberes que obligan a la responsabilidad de gobierno, una segunda ola se acercaba sigilosamente, por su propio carácter y por los espejismos que fabricaron para nuestro “mundo feliz”. Sin apenas ruido, la segunda ola anegó todo sin oposición, con sigilo criminal, preparando el terreno embarrado para el golpe certero que estaba por venir.

Entre tanto, los cadáveres de fallecidos y de arruinados eran ocultados con falacia magistral, superando al gran maestro de la comunicación propagandística, Paul Joseph Goebbels. El arte diario de proclamar lo contrario de lo que veíamos pero que poníamos en duda por la perturbadora seducción de la mentira.

Alguien se atrevió a romper las normas impuestas y construyó un hospital especial para pandemias, en previsión de lo que podría ocurrir, y ocurrió. Como en la secuencia de “El expreso de medianoche” en la que el protagonista recupera la cordura y comienza a caminar en sentido contrario al del resto de reclusos dementes en aquella horrible cárcel turca, utilizaron todos sus medios para minimizar el sentido común y sanitario de la medida. Todos le tachaban de loco e intentaban que recuperase el sentido impuesto en círculo que les llevaba a ninguna parte.

Mientras todo esto ocurre, la valla publicitaria, el modelo, mantiene bien oculta la realidad. Miles de sanitarios sujetando los sombrajos porque encima de cada uno hay una persona que puede morir. Hay más sombrajos que sanitarios y como en toda batalla, alguno cae y otro debe ocuparse de más sombrajos. Pero la propaganda nos mantiene la idea histórica de que nuestro modelo sanitario es el mejor del mundo y agradecen a los caídos el esfuerzo abnegado y la entrega por la causa. ¡Aplausos, por favor!

Si hace años hubiesen escuchado la voz que anticipaba que esto iba a ocurrir y que el sistema sanitario estaba llevando al Estado (que somos todos) a la bancarrota y que su ineficiencia era comparable a la que tendría en nuestros días aquel superordenador IBM 7030 Strech que revolucionó la computación en 1961, hubiésemos dado más pasos en la dirección del hospital Enfermera Isabel Zendal, que es solo eso, un paso.

La SANIDAD SINGULAR es la solución, pero no se construye en dos meses. Es necesario el compromiso conjunto público-privado para acometer la mayor transformación orgánica, organizativa, humana, técnica y operativa que jamás se ha llevado a cabo en la historia de la humanidad. Donde las personas tengan centros sanitarios completos más cerca, donde los hospitales no tengan la carga de las consultas diarias, donde la especialización sea lo normal, donde los sanitarios compartan, colaboren y aprendan con base en el movimiento entre los distintos tipos de centros. Con ello llegaremos más rápido a las necesidades sanitarias, con mejores medios y mejor utilizados. Con flexibilidad y liquidez entre aparatología y especialistas. La estructura más moderna y eficiente para la sanidad del siglo XXI y capaz de adaptarse a necesidades extremas sin distorsionar ni afectar el cuidado habitual de los pacientes. No es posible que en 2021 estén muriendo personas porque no pueden ser atendidas a causa de la falta de recursos materiales y de personas.

¿Y ahora qué? Pues que estamos en manos de ignorantes consentidos y mientras no se ponga en marcha una plataforma que inicie el cambio hacia la SANIDAD SINGULAR, seguiremos contemplando, tan ufanos como idiotas, la valla de nuestro mundo feliz. Mientras tanto, al otro lado, famélicos sanitarios seguirán mantenido cada vez menos sombrajos, pero que con estoicidad ideologizada sostienen en pie los pilares de la valla.

¿ALGUIEN SE APUNTA A LA REVOLUCIÓN SANITARIA?

SANIDAD SINGULAR


Ramón Luis Gil Barrigüete

Fundador INNOOMNI
Rehabilitador de empresas y modelos
ramon.luis.gil@innoomni.com
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