El COLAPSO sanitario comenzó hace décadas: el término que mece la cuna

Desde hace un año hemos incorporado a nuestra conversación diaria palabras y conceptos como “pandemia”, “coronavirus”, “aislamiento”, “cierre perimetral”, “restricción de movimientos” y “COLAPSO SANITARIO“. Nos llevamos las manos a la cabeza viendo los datos diarios (excepto festivos y fines de semana) de ocupación de camas hospitalarias y de UCI aderezados con la palabra COLAPSO. Y es este término, COLAPSO, el que mueve los hilos. Sanitario, funerario, social y económico, todo gira en torno a COLAPSO.

Pero el COLAPSO viene de muy lejos. El modelo sanitario y asistencial está en COLAPSO desde hace muchas décadas, desde el momento en que no se hizo nada cuando la partida presupuestaria destinada a estos menesteres no ofreció como contraprestación el servicio deseado, volviéndose ineficiente, ruinoso y mortal. Puedo afirmar, con posibilidad de equivocarme o no, que la distribución de competencias entre las 15 comunidades autónomas y las 2 ciudades autonómicas fue la puntilla para un sistema que había funcionado muy bien y con excelentes resultados en servicio y en carga económica.

“La sanidad española es buena, bonita y barata”

(Dr. Jerónimo Farré, Director de Docencia del Hospital UniversitarioFundación Jiménez Díaz-Quirónsalud y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid)

Consalud.es: “España, la mejor sanidad con una de las inversiones públicas más bajas”

Foro Económico Mundial: “Informe sobre la competitividad sanitaria mundial” (enero/2020)
O.C.D.E.: “Public funding of health care” (febrero/2020)

Claro, llevamos escuchando y leyendo estas afirmaciones desde hace tantos años que nos lo hemos llegado a creer, tanto en España como en el resto del mundo. ¿Cómo es posible afirmar que tenemos la mejor sanidad con la incompatible sentencia “una de las inversiones públicas más bajas”? ¿Cómo es posible que un gran profesional afirme con rotundidad que es buena y barata? Lo de bonita es cuestión de gustos. Solo hay una razón, que la salud, como todos los servicios que dependen de la capacidad y profesionalidad de personas, tiene los mejores profesionales trabajando en un modelo ineficiente y de bajo nivel de aprovechamiento. El conjunto de sanitarios, en condiciones laborales penosas (salario, aprendizaje diario, entorno de trabajo y esquema organizativo), ha conseguido conjurarse para dar lo mejor de cada cual, que es mucho y bueno. Antes de la pandemia por la innegable vocación de un gran porcentaje y en la pandemia por el alto compromiso social, el mismo que deja por los suelos el gobierno.

Cuando se afirma que la inversión pública es baja no quiere decir que la inversión total en el sistema sanitario lo sea, al contrario, el aporte de la sanidad privada equilibra este déficit. Lo incomprensible es que los responsables públicos mantengan “pie en pared” contra la sanidad privada. Pocas comunidades han entendido que la única forma de elevar la calidad y nivel de la experiencia del usuario es complementando ambas. Por otra parte, la inversión pública en sanidad es mayor cada año, como si se tratase de una carrera por ser quien más dinero pone en lugar de ser quien lo hace mejor. Muchos no han encontrado aún la diferencia entre más y mejor.

Sirvan estos tres gráficos para revelar la realidad del sistema sanitario en España en 2019:
1.- 80 días de espera media para la primera consulta con un especialista
2.- 116 días de espera media para una cirugía
3.- 670.000 personas en lista de espera para una cirugía

¿En serio? ¿Este es un modelo de sistema asistencial para presumir metiendo cada año más dinero en el pozo?

La pandemia solo ha hecho poner a la vista lo que antes estaba oculto. El modelo ha sido incapaz de mantener un nivel aceptable de cirugías y atención de cuidados intensivos a otras patologías no Covid19. Ha COLAPSADO a la vista de todos permitiendo que miles de personas se hayan visto afectadas hasta la muerte. Ni una sola reflexión crítica por parte de los responsables nacionales de la sanidad, tan solo palmaditas “qué bien lo estamos haciendo”, “qué sanidad tan buena tenemos” y un “vas a disfrutar” que ha sido la peor puñalada para millones de personas. Cuando existe la responsabilidad penal en los políticos por sus decisiones comenzaremos una etapa muy distinta en nuestras vidas.

Mientras sigan existiendo organizaciones tan dañinas como la OMS (en general todos los organismos de la ONU) estaremos en manos de mediocres que tan solo justifican sus sueldos y la colocación de amigos con eslóganes e informes insustanciales. Sin hablar de los infames programas que lanzan con bombos y platillos cada década, para dilapidar millones de dólares sin un estudio de aplicación ni el menor control sobre los objetivos esperados, que son meros brindis al sol que les calienta a ellos pero que no existe para los verdaderos esperanzados y de nuevo ultrajados en su esperanza en la total oscuridad.

La única solución es una transformación radical del modelo, desde su estructura organizativa hasta el reconocimiento a los profesionales, pasando por un diseño asistencial por áreas de competencia teniendo en cuenta la proximidad a las personas. Solo así olvidaremos el COLAPSO crónico que sufrimos y elevaremos la calidad asistencial. SANIDAD SINGURAL

En mi próximo libro “La gran farsa sanitaria” profundizo en cada uno de los aspectos que nos han traído hasta hoy, pero lo más importante, cómo llevar a cabo la transformación del modelo sanitario para que sea de verdad el mejor, el más eficiente, el más cercano a las personas, con los profesionales mejor tratados y con el mejor rendimiento en los medios técnicos. En un lustro se habrá amortizado la inversión con un bien social impensable hoy.