Entre armas de destrucción masiva y bombas de racimo. Lo que la tecnología nos ha traído.

Los avances tecnológicos, desde hace dos décadas, han sobrepasado la capacidad mental y emocional de controlar sus efectos. Ha sido una especie de «Efecto Doppler» tecnológico donde la velocidad de las evoluciones e innovaciones ha sido tal que el cerebro no ha sido capaz de asimilar, y mucho menos analizar, todas las repercusiones que podrían tener, no tan solo en el individuo, si no más concretamente en la sociedad mundial. Hemos alcanzado ese punto sin darnos cuenta, bueno, de las consecuencias sí pero seguimos absortos con cada una de las nuevas municiones con las que nos regalan diariamente, cada hora, cada minuto. A diferencia del efecto Doppler en las ondas del sonido y el estallido cuando convergen, este punto de ruptura social se ha realizado en silencia, tal vez roto en algún caso por los llantos de familias destrozadas o por noticias de suicidios achacados a la pandemia.

En 2007 surgió el primer arma de destrucción masiva que abrió la puerta del planeta Tierra al resto, que se encontraron con el camino expedito hacia las ávidas miserias ocultas. iPhone supuso una revolución en las comunicaciones personales al unir en un mismo dispositivo cámara, conexión a internet y pantalla táctil. No fue la innovación que todos siguen adorando de Steve Jobs, más al contrario, fue una genial evolución al unir capacidades ya existentes que hasta el momento habían estado separadas en dispositivos aislados. El campo de entrenamiento se abrió en 2004 con el nuevo iPod y la auténtica innovación que protagonizó la plataforma de distribución de música, iTunes. Jobs consiguió acercarnos a un especio infinito donde adquirir el universo de canciones sin movernos de cualquier lugar. Fue el éxito que necesitaba para lograr la capacidad del control total a través de las aplicaciones, más en concreto, de las redes sociales, aunque él lo desconocía por aquel entonces. El paradigma es cómo se transformó la plataforma de descarga de música, iTunes, a lo que actualmente es el mayor almacenamiento de aplicaciones, Apple Store. La tecnología estaba preparada y tan solo hacía falta la aparición del nuevo modelo de desarrollos informáticos, aplicaciones para móviles. Tan sólo el mercado de desarrollo de juegos para móviles factura más de 100.000 millones de dólares al año.

¿Te imaginas un mundo sin plataformas de aplicaciones? Pues así vivíamos hasta el primer lustro del siglos XXI.

Los teléfonos «inteligentes» (qué capacidad de aceptar el eufemismo) son el arma de destrucción masiva más mortal de esta era de «digitalización» (de nuevo el eufemismo gobernando). Es la verdadera pandemia que ha infectado a todas las sociedades del mundo sin importar la raza, la creencia religiosa, le ideología política, y la situación económica. Tan solo en 15 años hemos sido abducidos por una aparato que no tiene nada de inteligente, pero sí una potencia descomunal de almacenar aplicaciones, grabar vídeos, hacer fotos y acceder a cualquier parte del mundo en directo. Pero un teléfono no es dañino encima de una mesa, apagado y sin tarjeta SIM. Para convertirse en arma de destrucción masiva necesita de munición que salga a la velocidad de la luz y llegue a su objetivo antes de quitar el dedo del botón «enviar». Esta munición, estas bombas de racimo invisibles son las aplicaciones que han pervertido y subvertido todos los valores que la humanidad había labrado durante su existencia. El seguimiento de todos los movimientos que hacemos durante las 24 horas del día los 365 días del año, incluyendo el 29 de febrero, es constante y premeditado. ¿Es ilícito o ilegal? No, ya sabes que todos aceptamos las condiciones contenidas en contratos de decenas de páginas que nos ponen delante, sin leer y sin pestañear. Desde 2010 hasta 2020 se multiplicó por 30 el volumen de datos almacenados (no por ti, por las empresas a las que les «donamos» nuestra vida con toda la alegría)

No obstante, el gran dilema es ¿LA MUERTE MORAL DE LA HUMANIDAD HA DADO PASO A LA EXPENSIÓN SIN CONTROL DE LAS REDES SOCIALES DESTRUCTIVAS O HA SIDO AL CONTRARIO?

La habilidad que tenemos los humanos en convertir elementos que no son malignos en su concepción en armas letales ha quedado suficientemente demostrada a lo largo de los siglos. Pero nunca habíamos tenido en nuestras manos el arma definitiva que consiguiera destruir miles de mentes, de un solo impulso y en el mismo instante, en cualquier parte del mundo. Nada es casual y todo es causal. Lo que ocurre en cada casa, sea de ladrillos, de madera, de barro o de acero, es lo mismo, sin diferencia alguna. Una imagen, un texto, un artículo, un «meme», un insulto, una mentira, llega a millones de personas que no tienen tiempo de asimilar, y mucho menos de analizar, porque tienen otro mensaje esperando a devorar el cerebro. Las personas poderosas que podrían atajar esta maldad son las primeras que utilizan las armas con su munición para lograr sus oscuros objetivos. Estas armas de destrucción masiva nos han igualado a todos los pobladores de La Tierra. Han convertido los problemas de unos pocos en problemas generalizados, independientemente de que sea la realidad. Han conseguido que seamos partícipes de situaciones que jamás nos hubieran importado y que realmente no nos importan. Han creado las «tribus» que cada vez se especializan más y diferencian a las mismas personas que jamás hubiesen aceptado las reglas que ahora les controlan.

En una universidad americana publicaron un estudio según el cual, la capacidad de absorción de información del cerebro humano era de 20 Gb/segundo. Creo que sobreestimaron nuestro potencial. No obstante, el gran dilema es ¿LA MUERTE MORAL DE LA HUMANIDAD HA DADO PASO A LA EXPENSIÓN SIN CONTROL DE LAS REDES SOCIALES DESTRUCTIVAS O HA SIDO AL CONTRARIO?

Tengo unas preguntas para ti:

  • ¿Estás seguro de que el cambio climático es el principal problema de la humanidad?
  • ¿Estás seguro de que el tipo de alimentación es el principal problema de la humanidad?
  • ¿Estás seguro de que las diferencias en el reparto de riqueza es el principal problema de la humanidad?
  • ¿Estás seguro de que los problemas mentales («problema» que ha surgido en la pandemia y nos condena a todos a la tener claro que estamos locos) es el principal problema de la humanidad?
  • ¿Cómo será para ti el fin de la humanidad?

Analiza muy bien cada pregunta y respóndete sin presiones ni mediaciones externas. Sé tu mismo, decide por ti y sincérate con lo que te está ocurriendo y la complicidad que tienes en ello. Tómate horas, días, pero por una vez aíslate del mundo «digital» y cuestiónate todo. Una vez lo hayas conseguido, y si así lo deseas, publícalo con tu razonamiento.

Muchas gracias por tu tiempo y por haber aguantado hasta el final. La decisión, como siempre debería de ser, es tuya.

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